SÍNDROME DEL EMPERADOR

EL SÍNDROME DEL EMPERADOR

¿QUÉ ES EL SÍNDROME DEL EMPERADOR?

Hoy en día uno de los conjuntos de actitudes y conductas que más preocupan a los padres es la del hijo quien en ocasiones pueden volverse el amo indiscutible de la familia, sometiendo a los demás integrantes del seno familiar a sus exigencias y caprichos.

Lo que comúnmente se denomina síndrome del emperador, en el contexto psicológico recibe el nombre de Trastorno de oposición desafiante (TOD), el cual afecta a niños y adolescentes en los que éstos llevan a cabo conductas dominantes ante sus padres u otros cuidadores, provocando numerosas situaciones de conflicto en casa, cogiendo el rol de “emperadores”.

Para conseguir sus propósitos, gritan, amenazan y agreden física y psicológicamente a sus padres.

Se podría decir que su nivel madurativo en el ámbito de la empatía (esa capacidad para ponerse en la piel de la otra persona) está subdesarrollado.

Por esta razón parece que no sean capaces de experimentar sentimientos como el amor, la culpa, el perdón o la compasión.

SÍNTOMAS

Los primeros síntomas se presentan alrededor de los 6 años, presentándose los mayores problemas sobre los 10 o 12 años, tanto en niños como en niñas.

• Rabias muy recurrentes, para conseguir lo que se quiere, sobre todo delante de otras personas, en espacios públicos, para fomentar el sentimiento de culpa y de vergüenza de los padres o tutores.

Fuertes ataques de ansiedad y de frustración. Es muy frecuente en ellos los sentimientos de tristeza e impotencia.

• No les gusta compartir sus cosas, muestran una actitud egoísta

• Para ellos todo lo que les rodea es suyo, sienten dueños de todo lo que hay en su alrededor.

CAUSAS

• La excesiva permisividad, que suele ir unida a progenitores que no dedican tiempo a estar con sus hijos y solapan el sentimiento de culpabilidad que les genera con consentir todos los caprichos de los niños, sobre todo materiales.

• La ausencia de límites y normas para evitar enfrentamientos con el niño, que adopta una conducta agresiva y violenta, que se proyecta no solo con los padres sino también con los abuelos, los profesores u otros niños.

• Incoherencia a la hora de trasladar al niño ciertas normas y falta de acuerdo entre los progenitores a la hora de mantenerlas, como recoger todos los días su habitación.

CÓMO PREVENIRLO

Los antídotos que pueden utilizar los padres contra la tiranía infantil son varios, entre ellos:

1. La presencia de normas y
límites desde temprana edad.

De esta manera, con tareas y obligaciones sencillas y acordes a su edad, como poner la mesa y recogerla a la hora de comer todos días, se fomenta la autonomía y responsabilidad en los niños, que se traduce en el desarrollo de conductas sociales adecuadas.

Algunos límites deben ser innegociables, como nunca insultar.

2. Tolerancia cero con la violencia, tanto psicológica como física.

3. Fomentar el desarrollo de la empatía para que el niño aprenda a ponerse en el lugar del otro y entienda las emociones propias y ajenas.

4. Enseñar, promover y premiar el valor del esfuerzo, de manera independiente a los resultados que consiga el niño, para así ayudar a que tolere las situaciones de frustración.

5. Predicar con el ejemplo por parte de los progenitores, porque son el modelo de conducta para sus hijos.

Es aconsejable que los padres gestionen de manera adecuada los sentimientos de culpabilidad por los momentos de ausencia y traducirlo en tiempo de calidad.

6. Favorecer una comunicación adecuada (sin gritos ni amenazas, respetando el turno de palabra y con tono de voz adecuado), practicar la escucha activa (estar presente y consciente a la hora de comunicarnos con otras personas).

7. Pedir ayuda a expertos del ámbito escolar y sanitario si los padres tienen serias dificultades para reconducir la situación.

Una vez que el niño se ha convertido en un pequeño emperador tiránico se puede desandar el camino que ha llevado a ese punto, de manera paulatina.

Introducir normas y límites y evitar mensajes como, eres un caprichoso y un egoísta, que dañan la autoestima de los niños.

El objetivo es modificar la conducta de los pequeños, para que aprenda a gestionar sus pensamientos, emociones y frustraciones con el fin de ser feliz consigo mismo y con su entorno.